viernes, 18 de noviembre de 2016

Arquitectura Republicana de El Salvador

El advenimiento de un El Salvador independiente podría oficialmente marcar el inicio de una nueva etapa en el desarrollo de su arquitectura. Sin embargo, aunque es fácil identificar la independencia política formal en el marco de Centroamérica es menos evidente puntualizar el surgimiento de una arquitectura propia del nuevo Estado, fuera de los lineamientos de la matriz arquitectónica colonial.

Fotografía Personal

Capilla de la Medalla Milagrosa
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Teatros


Dentro de los edificios civiles destacan los nuevos teatros nacionales de Santa Ana, San Salvador y San Miguel, como los ejemplos más elaborados de una arquitectura ecléctica de fuerte arraigo en el neoclasicismo. El Teatro Nacional de Santa Ana (1904) probablemente sea el caso más relevante. Diseñado y construido por los italianos hermanos Durini (Herodier, 1997) se vincula claramente a otros teatros en Costa Rica y Ecuador que los mismos diseñarían durante su dilatado ejercicio profesional en América. Destaca en este edificio su clara composición en planta con tres grandes componentes de dimensiones comparables: un cuadrado posterior para el escenario y camerinos, la platea circular al centro y los espacios vestibulares y sociales dentro de otro cuadrado sobre la fachada principal. Todo ello dentro de un rectángulo de fuerte presencia urbana. Los elementos más notables de su arquitectura son: el salón de baile del segundo nivel, con una doble altura que le otorga proporciones cúbicas y que se abre a la plaza principal de Santa Ana; el juego de doble escalera de caracol, construida en madera, para subir hacia los palcos del segundo y tercer nivel y que demuestra una gran calidad artesanal y, por último, la platea circular que se eleva tres alturas y está cubierta por una cúpula rebajada con su respectiva linterna.
Teatro Nacional de Santa Ana

Palacios municipales


Una segunda tipología destacada es la de los palacios municipales, y nacional, que se fueron construyendo en las diversas ciudades frente a la plaza principal de acuerdo con la norma colonial, haciendo despliegue de lenguajes neoclásicos más o menos depurados. Subsisten algunos ejemplos tales como las alcaldías municipales de Santa Ana, Usulután y Chalatenango, el Palacio Nacional, el «Castillo» de la Policía y la Escuela Normal de San Jacinto, luego Casa Presidencial. En el caso de Chalatenango, se trata de una versión modesta de los otros ayuntamientos: una casa de patio que ocupa prácticamente toda su manzana pero que se enfrenta a la plaza por medio de una arcada que complementa bien los portales del centro de Chalatenango. Por dentro, el edificio se organiza a partir de un patio central cuadrado y un corredor perimetral con una columnata dórica que contribuye a la sobriedad general del edificio.
Palacio Nacional de Usulután

 Viviendas 

En los barrios esencialmente habitacionales del centro de San Salvador, aparecen interesantes variaciones del modelo de vivienda colonial, no tanto por la introducción de una nueva espacialidad como por los ensayos con nuevos materiales y sistemas constructivos.

Arquitectos profesionales


Durante este período se consolidó, al menos en términos de registro histórico, la primera generación de profesionales de la arquitectura y la construcción que, por igual, incluye a salvadoreños y extranjeros, con formación formal universitaria o sin ella. Durante las tres primeras décadas del siglo XX las figuras de los salvadoreños Alcaine, Peralta, González y Call se combinarán con las de extranjeros como los Durini, Baratta del Vecchio y Brutus Targa para producir, entre otros, el Palacio Nacional, los teatros de Santa Ana y San Salvador, la iglesia del Calvario, el hospital Bloom original, la Villa Cipactly, la Escuela Normal, el Castillo, el Telégrafo y la ferretería Bou. A partir de los años treinta se incorporaron los primeros profesionales salvadoreños formados en arquitectura en el extranjero: Ernesto de Sola y Armando Sol, quienes junto a Choussy padre y Durán, entre otros, conforman una segunda generación de profesionales. Estos comparten inicialmente el interés por la arquitectura historicista pero en modalidad más neocolonial, la cual tenía gran auge en toda América Latina, importada desde Estados Unidos. Su repertorio se concentraba en viviendas unifamiliares aisladas, propias del ideal de ciudad jardín, que rompen con el modelo de fachada continua y manzana compacta de la tipología colonial. Este modelo de vivienda, tipo villa, ya se había utilizado en los ensanches de la ciudad tradicional sobre la calle Arce, en la colonia Dueñas, (donde destaca la casa Dueñas, actual Casa de las Academias), y encuentra su plena expresión a partir de 1936 en colonias como Bloom y Flor Blanca. La culminación de este modelo de ciudad jardín de élite se da en la colonia San Benito (1948) de la Urbanizadora Dueñas, organizada alrededor de un hipódromo que nunca funcionó. 

1 comentario:

  1. Me gusta. Gracias por este análisis.
    Soy profesor de Historia de la Arquitectura en Nicaragua y agradeceré nuevas publicaciones sobre el tema.
    Saludos.

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