viernes, 18 de noviembre de 2016

Arquitectura Moderna en El Salvador

Existe un consenso bastante bien establecido entre los historiadores de que la modernidad política se establece en el país a partir de 1948, más puntualmente con el advenimiento de la nueva Constitución de 1950. Esta carta magna, entre otras rupturas, consagra el rol del Estado como promotor del desarrollo, la propiedad privada en función social y la igualdad de derechos entre hombres y mujeres (Turcios, 1990; Baloyra, 1986). Dicho período concluiría violentamente con la Guerra Civil (1980-1992), que abre una nueva fase histórica que se prolonga hasta nuestros días. Adelante se discute la producción arquitectónica en El Salvador durante ese período de poco más de treinta años.



La llegada de las primeras expresiones de la modernidad arquitectónica a El Salvador se había producido desde los años cuarenta. Es posible distinguir una primera arquitectura «proto moderna» en los nuevos edificios de oficinas que surgieron en el centro de San Salvador y de los cuales aún subsisten algunos ejemplares como el original Banco Salvadoreño de De Sola (1948), el Central, la Cafetalera, el Regalado, Panadés Centro o la Mariposa. Estos edificios, a pesar de su volumetría masiva y del predominio del lleno sobre el vacío, pero gracias al manejo de marquesinas y voladizos, y a un consistente tratamiento de la esquina, introducen en el país veinte o treinta años después referencias formales a la original Escuela de Chicago, al Art Deco y al expresionismo alemán. Más decididamente moderno es el proyecto del edificio García Rossi en Santa Ana por E. García Rossi (1954) donde aparece un manejo más depurado del sistema de marcos estructurales, fachadas libres, elementos de climatización como celosías y pasillos exteriores y una cáscara de concreto para cubrir un cine.
Vivienda social y espacios públicos.


La modernidad arquitectónica en El Salvador puede leerse a través de varios casos representativos que, a riesgo de dejar de lado otras obras notables, permiten leer un conjunto de cualidades valiosas, permanencias, que caracterizan el modo de hacer arquitectura en el país. Esa primera modernidad se ubica en las obras promovidas por el Estado a través del nuevo aparato del MOP-DUA-IVU, gracias a las exploraciones en la vivienda social tanto a nivel de las unidades habitacionales como de los conjuntos urbanos. Esto marca la aparición de una nueva tipología, y lleva a los profesionales a trabajar, por primera vez en la historia


Experimentación


A la par de esas obras abiertas se consolidó otra serie de edificaciones destacadas por la experimentación técnica y constructiva, particularmente por el uso del concreto estructural, que permitió la generación de una nueva espacialidad. Dicho lenguaje, fundamentado en el aprovechamiento de las propiedades plásticas del concreto por medio del uso de voladizos, cascaras e hiperboloides se corresponde con una de las que Zevi (1997) identifica como invariantes características de la arquitectura moderna. Destacan las sencillas y potentes sombrillas de las taquillas del Gimnasio Nacional de San Salvador, las bóvedas colgadas del estadio

Quiteño en Santa Ana (1954) y el domo del aula magna de la Escuela Nacional de Agricultura (1956), todas por los Katstaller; los paraboloides hiperbólicos de la colonia Libertad y las cáscaras del comedor central de la Universidad de El Salvador de Yanez Díaz (1964).

 


Arquitectura residencial


Finalmente, en este período conviene repasar algunas obras privadas de arquitectura residencial, ya no de interés social, pero que exploran formas novedosas de construir la casa unifamiliar, siguiendo algunas pautas del lenguaje de la arquitectura moderna mundial. En esta tipología puede haber multitud de obras, sin embargo conviene concentrar la atención en las prácticas más consistentes. Dentro de la lógica orgánica más wrightiana destaca la obra de Paz Larín por medio de casas como la Ortiz en la colonia Escalón (1963), la Alfaro en San Benito (1965) y la Paz Oriani en los Planes de Renderos (1976). En estas puede leerse el manejo de la horizontalidad por medio de franjas de basamento, ventanería y cubiertas; el uso de materiales «al natural» como bloques de concreto, madera, piedra y concreto; la continuidad espacial gracias a la supresión de paredes internas y la diferenciación de ambientes a través de sus acabados y alturas. Esta línea de acción de la arquitectura salvadoreña de los años sesenta y setenta se origina en un contacto bastante próximo con la figura de F. L. Wright, quien llegó a diseñar dos anteproyectos para la ferretería Freund en el Centro de San Salvador. Además, un arquitecto como T. Elminger, que estudió con Wright en Taliesin West en Arizona, diseñó, entre otros, el edificio Caribe (1957). Posteriormente, fue socio de L. López Duke quien desarrollaría diversas obras wrightianas muy consistentes como la casa Duke (1972) y el edificio Américas (1966). 

1 comentario:

  1. hola buenas noches, me podrias ayudar con algunas fotografías que no las encuentro, bueno nose cual edificio seria en si, el Central, la Cafetalera, el Regalado, Panadés Centro o la Mariposa, gracias.

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